Equipo de la selva

Fecha de Publicación: 8/4/2016
Categoría: Reflexiones

Cuentan que en cierta ocasión el león, el rey de la selva, se encontraba muy preocupado por la cantidad de cazadores que perseguían a las fieras y decidió hacer un ejército con el que pudieran defenderse. Para ello salió a reclutar animales.

El primero que encontró a su paso fue al enorme y pesado elefante.

– Buenos días rey de la selva -saluda cordialmente el mastodonte.

– Buenos días mi querido elefante. ¿Quieres formar parte de mi ejército? Le preguntó el león.

 – Por supuesto, majestad, por supuesto. Tú serás nuestra mayor defensa.

Los dos caminaron juntos en busca de nuevos reclutas. No tardaron en encontrarse con un lobo. Este se inclinó en signo de sumisión y saludó respetuosamente.

– Buenos días, majestad

– Muy buenos días, lobo feroz. Estoy reuniendo un valiente ejército para defendernos de los cazadores. ¿Te unirás a nosotros?

El elefante miró al león y preguntó:

– ¿Para qué te servirá un animal tan pequeño, comparado conmigo?

El rey de la selva, sin hacer caso a las alusiones del paquidermo, se dirigió de nuevo al lobo y le dijo:

 – Tú podrías ser un soldado muy fiero.

Por supuesto el lobo aceptó y los tres caminaron en busca de nuevos reclutas.

Dieron entonces con un mono chillón y el león lo invitó también a formar parte de sus huestes.

 – ¿Para qué lo quieres? No creo que sirva para nada -preguntó el lobo.

 – Siempre sería bueno distraer al enemigo -sentenció el león- Nadie mejor que él para eso.

Caminaron entonces los cuatro. Ya sentía el león que el ejército se formaba. De pronto, ante ellos apareció una asustadiza liebre y un pobre burro que apenas podía caminar.

El elefante y el lobo feroz se miraron, extrañados de que el león se dirigiera a esos dos animales.

 – No querrá reclutarlos ¿verdad? -se preguntaron el lobo y el elefante al mismo tiempo.

– ¡Claro que quiero reclutarlos! -rugió el león.

 – ¿Para qué? -preguntó el lobo-. ¿No te das cuenta que la liebre es un animal siempre asustado, que huye con rapidez hasta su madriguera?... Y ese pobre burro, está tan viejo que no tiene ya fuerza ni para cargar con su propio peso. ¡Estos dos si que no ayudarán en nada!

Pero el león los reclutó. Y el día de la batalla el burro, sentado en un punto de avanzada, rebuznó bien fuerte, y su rebuzno alertó a todos de la proximidad del enemigo. La liebre corrió aprovechando su rapidez, llevando mensajes de uno a otro.

El mono chillón distrajo a los cazadores brincando de un árbol a otro, gritando como solo él sabía hacerlo.

En tanto que el elefante apareció como una tromba, con su majestuoso tamaño, resoplando y emitiendo sonidos agudos, y tras él apareció por un lado, el lobo con el lomo erizado y los colmillos amenazantes, y por el otro el mismísimo león, rugiendo mientras sacudía la melena.

Ante todo ello, los aterrorizados cazadores no tuvieron otra opción que huir, abandonando sus armas y jurándose no regresar jamás por aquella selva.

Por supuesto no es más que un cuento infantil, sacado del libro de fábulas. Pero la lección es clara. El león fue un verdadero líder porque supo trabajar con las fortalezas de los miembros de su equipo, a pesar de que algunos de ellos se concentraban en las debilidades de los demás.

 El elefante veía muy pequeño al lobo, comparado con él. Y ambos, elefante y lobo,  no le veían utilidad alguna al mono chillón y menos aún a la huidiza liebre y al burro viejo.

Si pudiéramos concentrarnos más en las cualidades y menos en los defectos de aquellos que nos rodean, llevaríamos una vida más agradable. Pero lo contrario es lo más usual, por desgracia hay demasiada gente concentrada tan solo en los aspectos más desagradables de los otros.

El resultado es que llenan sus cabezas con la crítica y la condena y acaban amargándose a sí mismos, y por supuesto amargando a aquellos que critican.

Los padres respecto de sus hijos, los gerentes y supervisores respecto de sus subordinados, los maestros respecto de sus alumnos, los compañeros de trabajo unos respecto de otros, todos deberíamos aprovechar la experiencia del león formando su ejército.

Y si por casualidad no encontráramos cualidades en los demás, debemos preocuparnos, pero no por ellos que seguramente las tienen, sino por nosotros que posiblemente nos habremos vuelto tan negativos que ya no somos capaces de percibir lo bueno de ellos.

LO NEGATIVO: No ver más que defectos y puntos débiles en aquellos con quien nos toca vivir o trabajar.

LO POSITIVO: Darnos cuenta que aprovechando las cualidades y los puntos fuertes de los demás y enfocándolos a logros extraordinarios, es como contaremos con gente extraordinaria.

 

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