Para los sabios indígenas kogi, de la Sierra Nevada, el valor más importante es el equilibrio amoroso, "vivir en yuluka", o sea, en armonía con Dios, la madre Tierra, y con los demás.

Un estado de paz que alcanzas al vibrar en la frecuencia de un amor que se refleja en todo lo que piensas, haces y sientes. Nace de controlar tu ego y alejarte del torbellino de una vida agitada, ruidosa y ambiciosa. Elige afinar cada día tus emociones y pensamientos así como se afinan las cuerdas de un instrumento. Necesitas sacar de tu interior las emociones tóxicas: odio, ira, celos, envidia, rencor.

Cuando vives conectado con Dios estás en armonía con el distinto y el distante, y no pierdes la paz por lo que no vale la pena. Si te relajas con frecuencia no haces erupción como un volcán cuando te alteras. Ganas mucho si practicas el valioso arte de no engancharse: en tu interior decides con sabiduría no malgastar energías en aquello que está fuera de tu control.

Para lograrlo, sé consciente de que un alto porcentaje de lo que te roba la calma no está en tu círculo de influjo, por lo mismo, los dejas de lado. Cuando gastas energía y adrenalina en lo que no puedes cambiar, padeces en el fatigoso círculo del estrés. ¿Lo captas? A veces te descompones por hechos sin trascendencia como las críticas, la politiquería o el chisme. Allí está en plena acción tu ego, que se resiente y quiere tener la razón; entonces sufres o haces sufrir.

Te comparto una breve frase que me digo a mí mismo cuando caigo en ese desvarío: "No te desgastes en eso". Ayuda mucho, y tan pronto la repites en la mente, tomas conciencia, ganas serenidad y no te enganchas si te agravian.

Ten presente que conciencia no es conocimiento, es sabiduría, es caer en la cuenta de quién eres y a qué viniste. Acepta que tu mente sufre por no aceptar los hechos y resistirte, cuando el secreto está en amar y fluir. El dolor nace de estar en el ayer, en el futuro y en lo irreal, de no asumir la realidad como es. El sufrimiento es dolor sin amor y sin aceptación. Siempre lo puedes evitar.

Para estar en armonía da estos pasos cada día:

  1. Relajación. Respira un buen rato, suelta tu cuerpo, aquiétate y usa mejor tu mente.
  2. Afirmación. Repite en tu mente sin cesar: me amo, puedo, valgo mucho, siento paz, soy amor, Dios está conmigo, merezco lo mejor.
  3. Oración. Siente a Dios en tu interior, alaba, perdona, agradece y vive con Él una relación de amor.
  4. Visualización. Crea imágenes mentales en las que te ves alcanzando lo que anhelas; te ves flexible, sereno y tolerante.

Te visualizas calmado y sin encadenarte en lo que te roba la paz interior. El arte de no engancharse es el arte de ser paciente para convivir en armonía. Es también el arte de silenciar el ego y estar en calma como el agua de un remanso.

Fuente: oasisggg@uniweb.net.co - Gonzalo Gallo González - Periódico Portafolio

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